Hay lugares donde el vino se entiende mejor.
Nuestra bodega está situada entre un bosque autóctono que esconde cabañas y un viñedo de uva albariño.
Un entorno que te obliga a bajar el ritmo, respirar hondo y disfrutar.
Con distinción de máxima eficiencia energética
Hay lugares donde el vino se entiende mejor.
Nuestra bodega está situada entre un bosque autóctono que esconde cabañas y un viñedo de uva albariño.
Un entorno que te obliga a bajar el ritmo, respirar hondo y disfrutar.
Antes de hablar del vino, hay que hablar del lugar. Pasear entre viñedos, sentir la tierra bajo los pies y escuchar el silencio del bosque es parte de la experiencia.
Porque el carácter de nuestros albariños no nace solo en la bodega: nace en este paisaje.
La vendimia no es solo recoger uva: es elegir el momento exacto. Ese punto perfecto en el que la uva tiene la frescura y el equilibrio que después se notan en cada copa.
Aquí comienza el vino… y también comienza la historia.
Cada racimo recolectado a mano refleja el cuidado de todo un año de trabajo en la viña. Creemos que la excelencia se consigue respetando el fruto y seleccionando únicamente las mejores uvas de la finca.
Tras la selección, llega el prensado.
Es un momento clave: buscamos extraer lo mejor de la uva sin perder elegancia, respetando aromas y matices.
La bodega se convierte en un espacio de calma.
Es aquí donde el mosto se transforma en vino, lentamente, con control y paciencia, para conservar su carácter y su frescura.
Después, el vino descansa en sus propias lías.
Se afina, se equilibra y gana armonía. Esta fase es menos visible, pero es esencial: es donde el vino reposa en lías durante 13 meses.
El embotellado es el punto final del proceso…
y el inicio de lo más bonito: compartirlo. Cada botella guarda dentro un paisaje, una cosecha y el trabajo hecho con mimo.
Un Rias Baixas perfecto para acompañar mariscos, pescados, arroces etc.
Pero con las carnes rojas o de caza está fantástico.
Un albariño ideal para compartir grandes momentos


Si quieres vivir la experiencia al máximo, lo ideal es completar la visita con una estancia en nuestras cabañas: desconexión total en plena naturaleza… Compartir una cesta de picnic, relajarse en el jacuzzi, escuchar el sonido de los pájaros y una copa de albariño que sabe todavía mejor cuando el día termina despacio.
Porque esta es una tierra trabajada por mujeres que dejan huella. Y se nota.